Comenzamos el año en un momento muy delicado, una extraña calma nos rodea, pero sabemos que el juego continua y como peones de un tablero de ajedrez, estamos esperando a que alguien nos mueva , no somos el rey, ni el caballo, no ocupamos el lugar privilegiado de uno ni tenemos la maravillosa capacidad de movimiento del otro, pero somos muchos más…, esperamos a que alguien nos levante del tablero y nos lleve a otro lugar, ilusos confiamos en esa mano y en que nos lleve a un lugar mejor, pero recuerda que eres un peón y que las otras piezas parecen más poderosas. Pero tú eres una pieza clave para que ellos puedan triunfar, desconoces, en ocasiones, tu auténtico valor, sigues confiando en que te necesitan y que te utilizarán para hacer una buena jugada donde tú también tengas alguna ventaja.
No puede ser que aunque ganen las piezas poderosas, tu no recibas nada por tu apoyo y fidelidad, por que sin ti, ellas no estarían donde están.
Sí es cierto, que en ocasiones te han premiado, y en otras te han permitido ser un peón de primera, aunque en una menor escala, disfrutabas de muchas de las ventajas, la calidad de vida y la «libertad» de las piezas importantes del tablero.
Sin embargo, los peones han seguido creciendo, algunos ganando terreno y logrando privilegios, antes reservados sólo para el rey, la dama, la torre, el caballo y el alfil.
Y es ahí, donde el juego ha empezado a desequilibrarse, demasiados peones adquiriendo poder ponen en peligro a las piezas acostumbradas a campar a sus anchas sin tener que dar explicaciones. El rey y la dama empiezan a sentir que sus dispensas corren peligro, y en consecuencia todo el resto de la corte, al cobijo de los más poderosos, sienten que pueden empezar a perder sus privilegios.
Alerta máxima en la corte, hay que diseñar una jugada maestra, hay que eliminar peones innecesarios, hay que volver a controlar el tablero y ganar la gran partida.
Y en esas estamos, viviendo la gran jugada maestra, pero para que los peones obedezcan sin rechistar hay que implementar un nuevo valor fundamental, un valor que enfrente a los peones si alguno no lo acata, un valor que haga renunciar a los peones a los derechos y libertades que habian adquirido, un valor que les haga olvidar sus sueños y acatar las nuevas normas impuestas por las piezas que dominan el tablero, y ese valor no es otro que EL MIEDO.
Y sí, es un valor por que los que no lo asumen como tal, son vistos como peones irresponsables, insolidarios, egoístas o locos.
Y sin embargo es todo lo contrario, son esas piezas del tablero con principios, con consciencia, que conocen los planes y se oponen a ser fagotizados para formar parte de una masa uniforme de peones serviles y resignados.
Son esos peones que saben que tienen tanto poder como el rey y su corte, que han desarrollado su mente abstracta y se hacen preguntas y buscan y encuentran las respuestas.
Que saben que son mucho más que simple materia, que tienen un alma que les aleja del miedo por que saben que el alma es infnita e inmortal, asi que ¿a qué o a quién tienen que temer?
El miedo de los peones dormidos, les permite acatar no vivir por miedo a morir, les convence para asumir cualquier tipo de cárcel, dejan de ser peones y se transforman llegando al nivel más bajo que se pueda imaginar, en auténticos zombis.
Sin embargo, los peones que saben quien maneja el tablero y que cada jugada que va acorralando al peón, es simplemente eso una jugada, tienen otros valores mucho más poderosos que el miedo, se alejan de la oscuridad y se llenan de luz.
La noche es más ocura justo un poco antes de empezar a amanecer, la luz siempre vence a la oscuridad, la jugada aún no ha terminado queda un último movimiento…. ¡Jaque mate al rey!



